Mundo ficciónIniciar sesiónLorenzo cruzaba el pasillo lentamente, como si cada paso estuviera cargado de reverencia. El silencio del ambiente, roto solo por el suave crujido de la madera bajo sus pies y el susurro sobrio de la respiración de Isabella contra su pecho, parecía sagrado. La llevaba en sus brazos con la delicadeza de quien sostiene algo más precioso que su propia vida. La bata blanca la envolvía, todavía húmeda por el baño y su cuerpo, frágil por el esfuerzo de la maternidad, descansaba con total confianza en el regazo del marido.
Cuando alcanzó la puerta de la habitación, Lorenzo la empujó con el hombro, sin soltar nunca a Isabella. La habitación estaba iluminada por una suave luz, que entraba a través de las cortinas entreabiertas, dando a la escena un aire de calidez y paz. Al entrar, sus ojos se llenaron de ternur







