La casa Winchester se alzaba frente a Denisse como un recuerdo que nunca terminó de cerrarse.
El portón negro se abrió lentamente, rechinando apenas, y el camino de grava crujió bajo las ruedas del taxi. Denisse bajó primero, con una maleta en cada mano. El aire de Vermont estaba frío, húmedo, con ese aroma a hojas viejas y madera mojada que siempre le había resultado reconfortante… y doloroso al mismo tiempo.
Noah estaba de pie en la entrada principal.
No llevaba traje. Solo una camisa oscura