Capítulo 87:

El día siguiente amaneció con una calma engañosa, como esas mañanas donde el cielo está tan claro que uno podría jurar que nada malo va a suceder. El penthouse olía a café recién hecho, pan tostado y esa tibieza hogareña que Marcus jamás había pensado que volvería a sentir en su vida. Laila se movía con movimientos lentos, un poco adormilada por las náuseas matutinas, mientras Melissa corría alrededor de la mesa con un dibujo en la mano.

—Mira papi, mira Laila… somos nosotros tres… y dos bebés
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