BIANCA
Adrián y Francis todavía no regresan. Han pasado varias horas desde que salieron y, aunque intento convencerme de que realmente fueron a revisar aquellas supuestas máquinas de las que habló Adrián, cada vez me cuesta más creerlo. Mi abuelo tampoco ayudó demasiado antes de marcharse. Él y mi abuela fueron a casa de mis padres porque, según dijo, necesitaban conversar sobre algo importante. No quiso dar detalles y, por la expresión seria que llevaba, comprendí que insistir no serviría de n