ADRIAN
Llegamos a la casona cuando el sol comienza a descender lentamente sobre los jardines. Lo primero que llama mi atención es un vehículo estacionado frente a la entrada. No pertenece a nadie que conozca y, considerando las últimas horas, cualquier cosa fuera de lugar basta para ponerme en alerta.
—¿Esperaban visitas? —pregunta Francis al notar que también lo estoy observando.
—No que yo sepa.
Apago el motor y ambos descendemos.
Apenas cruzamos la puerta principal, varios gritos pr