Capítulo 25 – Las cosas que permanecen cuando nadie las mira
El camino comenzó a estrecharse entre campos abandonados.
La hierba alta rozaba las piernas de Lucía mientras avanzaba bajo un cielo cubierto por nubes lentas. No amenazaban tormenta. Solo flotaban, pesadas y tranquilas, como pensamientos que ya no buscaban respuesta.
Había pasado suficiente tiempo desde que dejó el valle como para que los días comenzaran a perder forma exacta. Ya no contaba amaneceres ni medía distancias. Dormía dond