Los días pasaron tranquilos, pero algo extraño comenzó a suceder.
Al principio, pensé que era mi mente jugándome una mala pasada, pero conforme pasaba el tiempo, la sensación de que alguien me observaba no se iba. Lo ignoré, convencida de que estaba siendo paranoica, pero esa sensación persistió, sobre todo en las noches, cuando me encontraba frente a la ventana. Había algo inquietante en la quietud de la casa y la forma en que las sombras parecían alargarse con el paso de las horas.
Una noche,