Para mi el tiempo se detuvo por un instante. Mis ojos se enfocaron en la pequeña cajita en las manos de Benjamín, en el brillo delicado del anillo de zirconia que descansaba en su interior.
Sentí un nudo en la garganta, no por el anillo, sino por el gesto tan honesto y lleno de ternura que Ben había hecho. Mi mirada pasó de él a William, quien parecía emocionado, con sus pequeños ojos llenos de esperanza.
Me arrodillé para estar a su altura y acaricié su carita con cuidado. Y estar frente a ese