—¡Mamá, papá, despierten o llegaremos tarde!— vocifera William desde el marco de la puerta bostezando y estruja dose los ojos.
El sol ya estaba muy arriba, cuando Winnie y Benjamín se pusieron en marcha con sus hijos. La rutina de las mañanas siempre era un caos controlado: William, con su mochila al hombro, repasaba lo que había olvidado en la mesa de la cocina, mientras Emma, en su silla alta, hacía todo lo posible por no quedarse quieta mientras Winnie le colocaba los zapatos.
—¿Dónde está m