El camino hacia los riscos era empinado y traicionero. La neblina los envolvía, y el viento cortante hacía que cada paso se sintiera como una batalla. Winnie apenas podía pensar con claridad, pero el llanto lejano de Emma resonaba en su mente, dándole fuerzas para seguir adelante.
De repente, Harold se detuvo y señaló unas huellas en el suelo húmedo.
—Miren esto. Son recientes, deben ser ellas.
—Si. Es ella —dijo James, apretando los dientes.
El grupo aceleró el paso, ignorando el agotamiento.