Tras dos días, tal y como lo había prometido Lina, ambas hermanas iban camino al aeropuerto.
Para fortuna de Marina, su familia se había sentido realmente ofendida por cómo los había tratado el día de su visita, por lo que no habían vuelto a intentar ir a verla.
Marina sabía perfectamente bien que no solo era el trato; era más bien que les resultaba más interesante estar con la hija que tenía la vida resuelta y no con la que tenía que recogerla a pedazos.
—¿En qué piensas? —preguntó Lina con