Sebastian al escuchar aquello, anticipó problemas; esto no era algo que él tolerara, menos en el estado de Marina. Ya en dos o tres ocasiones había presenciado situaciones así y las cosas no habían parado por él, sino por intervención de Marina.
Marina, por su lado, al escuchar la voz de Esteban, se levantó inmediatamente de su asiento. El semblante del hombre no le gustó en lo absoluto.
En sus ojos podía ver una gran tormenta; sabía que se avecinaba una gran discusión y lo que le preocupaba er