Esteban conducía su elegante deportivo a toda velocidad mientras fumaba un cigarro; en ese preciso momento no pensaba con claridad. En su mente solo sonaban las duras palabras que su padre le había lanzado.
¿Cómo demonios ahora vendría su primo a reemplazarlo como si fuera una simple ficha de ajedrez? Él sabía perfectamente bien que el hecho de que Efraín hubiese aceptado regresar a México luego de 9 años no era un favor, era una venganza silenciosa por lo que había hecho en el pasado.
—¡Maldito