Tras llegar al penthouse de Patrik, el hombre llevó la maleta de Lina a su vestidor, miró su pulcro lugar y, sin pensarlo dos veces, abrió un hueco para las cosas de aquella mujer. ¿Por qué se tomaba tantas molestias? Se preguntaba y él mismo se respondía que era por su maldita conciencia.
—Adelina… —dijo Patrik una vez que tenía listo su vestidor.
—Mande… —respondió la chica en un hilo de voz.
—He abierto un hecho entre mis cosas; aquí puedes colocar tu ropa y lo que necesites. Como entenderás