En el caso de Esteban, el hombre había terminado en el bar que acostumbraba visitar para cerrar tratos de negocios. Al sentirse ya entrado en tragos, no quiso molestar a Paco, su chofer y escolta, así que prefirió hablarle a su mejor amigo.
Armando fue despertado a las tres de la mañana, llevándose tremendo susto al escuchar la voz ronca y un poco perdida de Esteban.
—¿Esteban? —¿Dónde estás? —dijo el amigo preocupado.
—Estoy donde siempre. ¡Ven por mí! No quiero que Paco me vea así… —ordenó