Lina llega a casa con el corazón más tranquilo y el estómago lleno de pay de queso. Aquella joven mujer se sentía más tranquila, pues imaginaba que su hermana se estaba encaminando a retomar su vida al lado de quien siempre debió estar.
Aquella hermana se sentía contenta, pues sabe que Efraín siempre estuvo enamorado de ella, como ella siempre lo había pensado: “Solo una ciega no lo podría haber visto”, una ciega como su hermana.
—Señorita Salas… ¡Buenas noches!
—¡Buenas noches a ti, Miguel!