Elena
El resto del día pasó en una especie de borrón extraño, como si el tiempo hubiera decidido avanzar sin pedirme permiso. En un momento, la luz del sol aún entraba a raudales por las cortinas, y al siguiente, la habitación había adquirido ese tono dorado suave que indicaba que la tarde ya estaba cerca. Antes de que pudiera procesarlo del todo, llegó el momento de empezar a prepararme para el baile.
Me quedé de pie en medio de la habitación, mirando el vestido que la diseñadora había traído