Elena
Terminé mi reunión con Leah y los contadores sintiéndome exprimida, como si alguien hubiera tomado mi cerebro y lo hubiera escurrido hasta dejarlo seco. Números, proyecciones, riesgos, plazos —todo se mezclaba cuando colgué la llamada. Dejé caer el teléfono en la mesita de noche y me tumbé boca arriba, mirando el techo.
Esta era mi vida ahora.
Dos mundos. Dos rostros. Dos conjuntos de responsabilidades tirando de mí en direcciones opuestas.
La reunión había durado más de lo esperado. Leah