Ryder
Me senté en la barra con una copa de vino tinto entre las manos, apenas probándolo mientras miraba fijamente mi teléfono. El bar estaba tenuemente iluminado, bañado en un suave resplandor ámbar que se reflejaba en la madera pulida y en las estanterías de cristal llenas de botellas.
Una música baja sonaba de fondo, lenta, blues, casi melancólica, que se mezclaba con risas apagadas y el tintineo de copas. Las conversaciones flotaban a mi alrededor, a medias y lejanas, como si estuviera bajo el agua. El aire olía a alcohol, a cítricos y a algo ahumado, y aun así nada de eso me anclaba.
Ni la música de fondo, ni el camarero que rondaba la mesa de un hombre rico con la esperanza de que lo notara, ni la pareja que se besaba a cierta distancia de donde yo estaba sentado, ni los otros que discutían sobre algo que no alcanzaba a entender. Nada de eso me importaba.
Todo lo que podía ver era a ella.
Desplazaba las fotos, las fotos tomadas durante el supuesto viaje de negocios que había hec