Elena
Me puse de pie tan rápido que casi tropecé con el borde del sofá, mis piernas enredándose brevemente en la manta.
Tomé el teléfono con una mano, alisándome frenéticamente el cabello desordenado con la otra mientras contestaba, forzando calma en mi voz a pesar de mi corazón acelerado. —Hola, madre.
La señora Scott no perdió ni un segundo en cortesías. —Escuché que cerraste el trato.
Una sonrisa se extendió por mi rostro a pesar de la situación incómoda. —Sí. Salió bien. Muy bien, en realid