Elena
Me quedé de pie junto a la ventana y observé cómo el sol comenzaba su descenso final.
La luz exterior había adquirido esa cualidad particular de la tarde tardía que se desliza hacia la noche: ese sesgo cálido, bordeado de ámbar, que caía sobre todo a un ángulo bajo, proyectando sombras largas, convirtiendo superficies ordinarias en oro. El naranja se filtraba en el cielo en el borde del horizonte, y por encima el azul se profundizaba hacia el púrpura, y todo el conjunto tenía la belleza t