Sharon
Las cejas de la terapeuta se alzaron lentamente.
No fue el alzamiento dramático de alguien genuinamente sorprendido —era demasiado experimentada para eso, había pasado demasiados años en esa silla frente a demasiadas personas diciendo demasiadas cosas inesperadas como para dejarse pillar completamente desprevenida. Pero el movimiento fue real, y decía algo sobre la distancia entre lo que había esperado oír hoy y lo que estaba oyendo en realidad.
«¿Qué?», dijo.
La palabra fue queda. Casi