Elena
Me puse de pie en el momento en que Lucien se acercó más.
—Buenos días —dije, la voz suave, ensayada.
Él me sonrió, lento y deliberado, sus ojos azules clavándose en los míos.
Azules.
El mundo se inclinó por un segundo.
Esos ojos…
Me arrastraron hacia atrás en el tiempo, violentamente, sin piedad. El viento frío. La altura. El terror. El instante en que mis pies resbalaron, cuando el suelo desapareció bajo mí y lo último que vi antes de que todo se volviera negro fue un par de ojos azul