Elena
Sharon estaba llorando.
La escuché antes de verla.
«Sálvame… por favor… Lila… sálvame…»
Su voz resonaba en la oscuridad, fina y desesperada, como si viniera desde un pozo profundo o atravesara capas de agua. Intenté correr hacia ella, mis piernas se movían inútilmente, pero mi cuerpo se negaba a avanzar. La oscuridad lo devoraba todo excepto su voz, espesa y asfixiante como alquitrán.
«Sálvame…»
La súplica se volvía más desesperada, más rota.
Intenté responderle, decirle que iba en camin