Elena
Me quedé casi pegada al suelo en el instante en que los ojos azules de Lucien me clavaron en el sitio.
Eran fríos. Agudos. Demasiado conscientes, como si pudiera ver directamente a través de cualquier fachada que estuviera usando.
Tragué con fuerza, la garganta de repente seca mientras los recuerdos irrumpían sin piedad, no invitados y no deseados. La noche anterior: su risa resonando en la oscuridad, la velocidad subiendo cada vez más, la forma en que había ignorado mis gritos como si fu