Elena
Estar en la casa de Lucien era como permanecer dentro de un fantasma.
Las paredes eran las mismas, la estructura sin cambios, los huesos del edificio idénticos. Sin embargo, todo se sentía equivocado —desplazado, distorsionado, como un recuerdo que hubiera sido manipulado, como mirar una fotografía sutilmente alterada. Elena caminó despacio por la sala, sus pies descalzos apenas haciendo ruido contra el suelo pulido. El pecho se le sentía apretado, constreñido, mientras miraba alrededor,