Elena
Desperté con el sol clavándose directamente en mis ojos.
Por una fracción de segundo pensé que seguía soñando… hasta que el pánico me golpeó como agua helada. Me incorporé de golpe en la cama y agarré el teléfono.
Tarde.
Muy tarde.
—Mierda —murmuré, arrojando las sábanas a un lado.
El corazón me latía desbocado mientras saltaba de la cama y me ponía la ropa a toda prisa, con las manos torpes al subirme la falda y abotonarme la blusa. Mi mente ya estaba en espiral: Lucien, Sharon, el café,