—Lo siento —dijo Damián.
—No me pidas perdón por lo que dijo ella.
—Te expuse a eso.
—Me invitaste. Yo acepté.
—Aun así…
—No me gustó —lo interrumpí.
Damián asintió.
—Lo sé.
Giré la cara hacia él.
—Pero me gustó que no me soltaras.
Sus manos apretaron un poco el volante.
—No pienso hacerlo.
—No diga