Lo miré.
Ahí estaba otra vez. Esperando. Haciendo lo correcto. Dejándome espacio.
Y por primera vez, eso también me dolió.
—Ya no quiero que solo esperes —dije.
Su respiración cambió apenas.
—¿Qué quieres?
La pregunta era simple. Horrible. Necesaria.
Miré la llave que seguía en mi bolso, aunque él n