—No prometas que no te va a doler.
—Va a dolerme. Pero eso no significa que tengas que callarte.
Me aparté un poco para mirarlo.
—Estás aprendiendo demasiado. Me estás quitando argumentos.
—Puedo equivocarme un poco si necesitas pelear.
Solté una risa corta, con lágrimas en los ojos.
—Idiota.
—Tambi