Hablé tanto que hasta yo me escuché exagerada.
Damián no me interrumpió. Anotó algunas cosas, asintió en otras y dejó que yo soltara el miedo disfrazado de instrucciones.
Mateo, sentado en el piso con Bruno, levantó la mirada.
—Mamá, papá ya sabe que no soy una planta.
Sofía soltó una carcajada.
—A