No fue “ay, ya lo perdoné”.
No.
Fue más pequeño.
Más peligroso.
Fue confianza queriendo asomar la cabeza.
Poquito.
Con miedo.
Pero ahí.
Cuando Mateo se distrajo explicándole a Verdadero que no podía dormirse en turno de guardia otra vez, me levanté para llevar platos al lavaplatos. Damián se puso de