—Ahora sí que ni con orden divina me sacan esto —dije.
—Amén.
El hombre miró hacia mi pecho, luego apartó la vista como si de pronto recordara que seguía habiendo cámaras, vecinos y un taxista grabando con emoción de periodista barato.
—Están cometiendo un error —dijo.
—No —respondió Damián—. El err