Miré la firma de Mariana Torres y sentí que mi paciencia, que ya venía en muletas, por fin se tiraba por un balcón.
Ahí estaba.
Abajo del supuesto comprobante.
Elegante, curva, conocida.
La firma de una mujer que alguna vez me abrazó mientras yo lloraba. La firma de alguien que me dijo que no me hum