—¿Y si fue alguien que me abrazó mientras yo lloraba?
Sofía se sentó a mi lado.
—Entonces esa persona merece pisar una pieza de Lego todos los días de su vida.
Solté una risa pequeña, pero se me rompió enseguida.
—No es gracioso.
—No. Pero si no digo algo, voy a gritar.
Me tapé la cara con las manos