A la mañana siguiente, la foto seguía en la nevera.
Eso no debería haberme sorprendido. Nadie la había quitado durante la noche, ningún monstruo doméstico había venido a arrancarla y la nevera no había explotado por tener una imagen de Damián, Mateo, Sofía, Bruno, Verdadero y yo en una esquina. Aun