Lo leí una vez.
Luego otra.
Luego una tercera, porque mi cabeza decidió que quizá había entendido mal.
Sofía se acercó.
—¿Qué dice?
Le pasé el celular sin hablar. Ella leyó rápido, abrió los ojos y después me miró con una sonrisa que intentó contener, pero no pudo.
—Val.
—No.
—Ni siquiera he dicho n