71.
Damián llegó al día siguiente con pan, jugo y una cara de hombre que había revisado tres veces que no hubiera nada verde en la bolsa.
Lo vi por la mirilla antes de abrir.
No traía flores.
No traía regalos enormes.
No traía una frase intensa escrita en la frente.
Solo estaba ahí.
De pie frente a mi puerta, con una bolsa de pan en una mano y otra de jugo en la otra, como si ese fuera el examen más importante de su vida.
Y puede que lo fuera.
No era un ramo.
No era un diamante.
No era una promesa