70.
Mateo amaneció convencido de que Damián necesitaba una clase urgente de dinosaurios.
Según mi hijo, un papá acompañante avanzado no podía confundir un triceratops con “un rinoceronte con problemas”.
Sus palabras.
No las mías.
—Es grave, mamá —me dijo mientras ponía a Bruno sentado sobre la mesa del comedor—. Muy grave.
Yo estaba preparando huevos y tratando de que el pan no se quemara, porque mi nivel de concentración antes del café era el mismo de una cuchara.
—¿Qué tan grave?
Mateo suspiró co