54.
Dormí poco y mal, porque una cosa era saber que Renata era peligrosa, y otra imaginarla parada frente al colegio de mi hijo con sonrisa de abuela recién salida del infierno.
Pasé la noche dando vueltas en la cama, mirando el techo, revisando el celular, leyendo una y otra vez el mensaje que Damián me había reenviado.
Mañana estaré cerca de su colegio. No para hacer daño. Para verlo.
Para verlo.
Como si Mateo fuera una vitrina.
Como si verlo no fuera ya una forma de tocarlo.
Como si una mujer co