25.
La llamada se cortó, pero la frase de Marina se quedó viva en la sala.
Me quedé con el celular pegado al oído, inmóvil, como si todavía pudiera escucharla respirar del otro lado. Como si la llamada no hubiera terminado. Como si, por insistir en el silencio, el silencio fuera a devolverme otra palabra, otra pista, otra migaja de esa verdad que todas parecían conocer menos yo.
Porque esa mañana él no podía despertar.
La repetí en mi cabeza tantas veces que dejó de sonar como una frase y empezó a