15.
El papel temblaba entre mis manos, pero no por el viento. Temblaba porque yo estaba a punto de romperme de rabia.
Leí la frase una vez más, aunque ya la tenía clavada en la cabeza como una amenaza escrita con tinta elegante.
Solicitud de conciliación familiar y prueba genética de paternidad.
El nombre del despacho de abogados estaba impreso arriba, frío, formal, impecable. Debajo aparecía mi nombre completo. El de Mateo. El de Damián. Y luego, como una sombra metida entre las líneas, el apellid