14.
Al día siguiente de la videollamada, mientras yo intentaba preparar desayuno sin quemar el pan y sin pensar demasiado en la forma en que Damián había mirado a nuestro hijo a través de la pantalla, Mateo levantó la cabeza de su taza de chocolate y soltó, como si estuviera hablando del clima:
—Mamá, ¿papá en prueba puede saber que tampoco me gustan las arvejas con arroz? —Casi se me cayó la cuchara.
Sofía, que estaba sentada en el mesón con una tostada en la mano, abrió los ojos de par en par com