La intensidad de la situación creció con cada segundo, el aire en la habitación se cargaba de deseo. Sentí que cada barrera entre nosotros se desvanecía, dejando solo la verdad cruda de lo que ambos sentíamos.
Ian me miraba con una mezcla de sorpresa y admiración, sus ojos reflejaban un mar de emociones que iban desde la confusión hasta una devoción profunda. Sabía que este momento era crucial y una oportunidad para redefinir nuestra relación y sentar las bases para algo más sólido.
Nos movimos