31. El Peso de la Desconfianza
Ana salió del restaurante con el corazón latiendo a un ritmo pausado, como un tambor cansado, pero con una oleada de emociones encontradas que la agitaban por dentro. La conversación con Don Humberto había removido capas de su alma que creía dormidas, dejando al descubierto fibras sensibles y recuerdos latentes. El cielo era ahora de un azul nítido, casi hiriente, y el sol se filtraba entre el encaje de las hojas de palma como si quisiera iluminar con crueldad cada rincón oscuro de su incertidu