La luz, con la timidez de un recién llegado, se colaba entre las cortinas del bungalow, pintando líneas doradas sobre las sábanas revueltas, testigos silenciosos de una noche compartida. Hugo abrió los ojos con una lentitud dulce, el cerebro aún envuelto en la bruma del sueño, hasta que sintió un peso cálido y familiar sobre su brazo. Chiara dormía profundamente, su pequeño cuerpo pegado a su pecho, su respiración apenas un susurro contra su piel. A sus pies, Bernardo yacía atravesado, una pier