Aidan me recostó en la cama con una sutileza que no parecía ser propia de él.
Había desaparecido su lado bestial y ahora solo mostraba lo tierno que podía ser.
No mentiría diciendo que me gustaba un lado más que el otro.
La verdad es que soy débil ante él.
Como quiera que me posea.
—Eres como una diosa.
Sus ojos estaban sobre mí mirándome con intensidad.
—Una que debe ser adorada.
Dicho esto se acercó a mí tomando mi pie para acercarlo a su boca.
Solo con su aliento sobre mí me estremecí y solt