Isabella
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó Tyler cuando nos estábamos acomodando la ropa después de nuestra fantasía del sexo en la oficina.
—Que no vine aquí para esto. —Volví a reír.
—Ah, ¿no? —Arqueó una de sus cejas, negué con mi cabeza alcanzando mi cartera del suelo, supongo que se cayó cuando limpió el escritorio.
—De hecho, te traía un regalo. —Saqué la caja, seguíamos con las camisas abiertas, mi falda aún estaba arremolinada en mis caderas y él solo había acomodado su miembro dentro d