Isabella
Quité una vez más mis lágrimas y volví al interior de la pequeña vivienda, ni siquiera sabía qué hora era en Nueva York, pero necesitaba escuchar su voz, mientras marcaba los números que me sabía de memoria solo podía pensar en que en un año todo habría acabado, que podía hacerlo por él. Por mí.
Porque después de que esta pesadilla acabara, aún tendríamos un futuro juntos.
—¿Hermana Alegria? —pregunté cuando ella contestó del otro lado de la línea.
—Isabella, ¿te encuentras bien, ni