Isabella
—¡Hijo de puta! —grité una vez que él partió.
Tenía el corazón desbocado, la ira y la excitación burbujeando en el interior de mi cuerpo, me negaba a sentir algo más por él que odio, pero sus besos, sus caricias… habían sido tan intensas, tan pasionales... tan... diferente.
¡No!
Negué con la cabeza con fuerza. Estuve a solo un segundo de claudicar, ¡no podía hacerlo! Las imágenes de un pasado que aún dolía latieron nítidas en mi mente, haciendo que mi cuerpo sintiera frío.
¿En qué